Las 3 F’s en la realidad
- 16 mar
- 2 min de lectura
Actualizado: 20 mar
by María Carreño Mora

En el mundo ecuestre se habla mucho de las “3F”: Friends, Forage & Freedom (Lauren Fraser) o en español, amigos, forraje y libertad. Para nadie es un secreto que, con la domesticación, los caballos se alejaron de la vida feral y salvaje que habían llevado durante miles de años. Sin embargo, cuando logramos darles estas tres condiciones básicas, podemos acercarnos de nuevo a ese comportamiento natural que sostiene su bienestar físico y emocional.
Los caballos son animales sociales y de presa. La vida en manada les da seguridad, compañía y la posibilidad de crear vínculos reales a través de juegos, descanso compartido o el famoso acicalamiento mutuo. Por eso la F de Friends no es un lujo, sino una necesidad vital: cuando los caballos pueden vivir y crecer junto a otros, se sienten tranquilos y plenos.
La segunda F, Forage, habla de la alimentación natural. Los caballos son pastadores por excelencia, diseñados para pasar la mayor parte del día comiendo. El forraje —sea pasto, heno o alfalfa— no solo mantiene en equilibrio su sistema digestivo, también satisface esa necesidad conductual de masticar durante horas, previniendo úlceras, cólicos y comportamientos no deseados que aparecen cuando pasan demasiado tiempo sin alimento.
La tercera F es Freedom. La libertad de movimiento es clave para su bienestar: en estado natural, un caballo recorre varios kilómetros diarios. El espacio abierto y la posibilidad de elegir dónde estar, con quién compartir y en qué momento moverse son fundamentales.
En Pio Endurance International las 3F no son una teoría: son la base de cómo se crían y viven los caballos. Aquí se busca criar y desarrollar ejemplares de calidad para el enduro, pero siempre desde la convicción de que una crianza natural y tenencia responsable es tan importante como las líneas de sangre.
La monta se realiza de manera natural: el padrillo convive libremente en un potrero junto a las yeguas, compartiendo con ellas como lo haría en la naturaleza. Los potros crecen en Zapicán, en campos amplios y variados, con pequeñas lomas, riachuelos y árboles altos que ofrecen sombra y refugio. Allí se agrupan por edades, compartiendo con caballos de características similares, lo que favorece su desarrollo físico y social. Ese entorno natural es su mejor escuela: cada terreno irregular afina su equilibrio y propiocepción, cada pequeño “disparo” les enseña a coordinar su cuerpo con agilidad. Crecen junto a sus madres, aprendiendo desde pequeños la importancia de moverse en manada, de relacionarse, de explorar.
Más adelante, cuando comienza el entrenamiento, se trasladan a Loma Azul y/o Campo Azul, espacios igualmente abiertos donde pueden correr, pastar y mantener el contacto con otros caballos. Allí empiezan a experimentar distintos tipos de terreno —arena, piedra, pasto firme, barro después de la lluvia— que van moldeando sus músculos y tendones, preparando sus cuerpos para resistir esfuerzos prolongados sin perder eficiencia. El entrenamiento se realiza siempre en grupo, reforzando la calma y la confianza que da sentirse parte de un conjunto, aprendiendo a mantener el ritmo y la serenidad incluso en la exigencia.
Las 3F se cumplen: los caballos tienen amigos, tienen forraje, tienen libertad. Y con esa base sólida se forman no solo grandes atletas, sino también caballos equilibrados, sanos y felices.


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